27 sept 2011

La vida de Emily. Capítulo 3.

Clic, clic, clic, clic,… Las dos menos veinte minutos. El timbre de clase amenaza con que dentro de poco empezará a vibrar y a emitir el típico sonido de las escuelas de América. La profesora de matemáticas, la señora Leslie, se pone su mochila a la espalda y coge el cuaderno de notas. Se sitúa en medio de la clase y coge un par de tizas, dispuesta a tirarlas a la mínima a la persona que vea que no la presta atención. Da igual que acierte o no, lo importante es que ella se sienta satisfecha por dar a alguien en la cabeza… mejor será que lo deje en que la puntería no es lo suyo.
Todo el mundo se calla de inmediato al ver una tiza volar.
-No se levanten hasta que no sea la hora y no salgan al pasillo en el intercambio.
Deja las demás tizas en el bote de “objetos para la pizarra” y sale de clase.
Al cerrar la puerta todo el mundo sabemos qué hacer. No es la primera vez que se hace, al menos a ésta hora.
Todo el mundo se levanta silenciosamente de su silla, sin arrastrarla ni un centímetro, se pone la mochila en la espalda y comenzamos a salir de la clase por filas. Silenciosamente, de puntillas. Y no sé si todo el mundo, pero al menos yo, me siento rara. La adrenalina corre por mis venas al saber que si nos ven nos pueden llegar a expulsar. Me siento eufórica, con ganas de saltar y quizás hasta de gritar un ‘hasta mañana instituto’, pero en ese caso todos tendríamos que volver corriendo a clase.
Jonh, el chico más alto de clase, el repetidor, va en cabeza. Se asoma a la derecha, luego a la izquierda y nos indica que sigamos. Todos corremos, de puntillas.
A veces me pregunto si no sería más fácil esperar los veinte minutos en clase, y luego escaparse en el intercambio entre tanta gente.

No se puede describir mi instituto como un instituto grande, tampoco bonito ni elegante. Al revés, puede que sea de los más pequeños, y en estos momentos me gusta. Tenemos la salida delante. Ya queda poco y cada uno se sitúa en su posición empezando por Jonh de nuevo. En cuánto él chasqueé el dedo todo el mundo sale corriendo, sin más, no importa hacer ruido. Lo importante es pasar la sala de profesores lo antes posible.
Amanda se sitúa a mi lado y me mira. Ella es nueva. La sonrío y la cojo de la mano.
-No te preocupes.-La digo mientras la señalo la mano de Jonh.
Él empieza la cuenta atrás. Cinco, cuatro, tres, dos y… uno.
Chasquea los dedos y todos corremos.
En ese momento suelto la mano de Amanda y me agarro a la de Jason. Por lo demás, no sabes quién corre a tu lado y quién va delante. Tampoco importa, porque todos vamos al mismo lado, nadie se va a desviar.
Quedan metros, lo puedo ver, y Jason tira de mí. Acelero y prefiero no hablar. Cuánto más hablas más te cansas.
John pulsa la barra roja situada en la puerta y la abre, todos gritamos y nos sentimos libres, mucho, demasiado, aunque solo sea por haber sentido la libertad una hora y media antes de tiempo.
Jason coge la moto y yo me subo. No hay cascos aunque tampoco importa en estos momentos. Paso mis brazos alrededor suyo y me agarro fuerte a él, y de repente todo se convierte en árboles que pasan a nuestro alrededor. Alguna persona nos mira y nosotros reímos.
-Imagínate la cara de la profesora de latín cuando vaya y no vea a nadie.-Grita mientras toma una curva.
-La mejor cara va a ser la nuestra mañana cuando nos pongan un parte a cada uno.
Él no añade nada más por lo que ahora toca esperar a que él me lleve a casa. Realmente, necesito tiempo para mí misma, por una vez en mi vida.

¿Nunca dije que me encanta montar en moto? No es que tenga mucha experiencia pero es bonito sentir cómo el sol te da sobre la piel, especialmente cuando tu piel es tan blanca como la mía. También me fascina notar cómo el aire juega con mi pelo, sin más. No se necesita más. Ahora mismo no me haría falta ponerme los cascos, aunque no estaría nada mal tener un maletero para poder dejar las mochilas a un lado. Primer inconveniente.
-Jason, ¿y tú mochila?
-¿Acaso recuerdas que haya deberes?-Se echa a reír por la obviedad-Lo que necesito lo llevo en los bolsillos.
¿Acaso vosotros seríais capaces de dejaros la mochila en clase con la excusa de que no hay deberes? Yo no. Así de simple. ¿Soy rara en esto también?
Una vez que veo que la moto se para, me bajo, y como él hizo esta mañana, me despido y abro la puerta de casa.
-¿Tampoco me vas a invitar a entrar?-Me empuja cariñosamente, me sonríe y entra-Gracias mujer.
Esto es increíble, sí, lo es.
Sube las escaleras y va hacia mi cuarto. Cierro la puerta y le imito.

-NARRA JASON-
Joder, joder, joder, ¿qué haces Jason? ¿Les vas a hacer caso a todos los chicos de segundo? ¿Lo vas a hacer Jason? No, no lo va a hacer, o al menos eso pretende, pero no lo tiene muy claro.
Me encamino directamente hacia su habitación. Si me pregunta diré que fue casualidad, que no la iba buscando en particular, pero mentiré. No se me da bien mentir. ¿Acaso ella lo sabe?
Allí está la habitación. Es azul. Totalmente azul, con muebles blancos. Es bonita y espaciosa, y también grande. Tiene una cama a la derecha y enfrente un armario empotrado. A través de su ventana se puede ver un parque, el parque con el lago donde por las noches vengo con Alice.
Tiene la saga completa de Crepúsculo y un libro de Justin Bieber. Mejor sin comentarios. Tiene una cadena grande y negra de música, y dentro tiene el CD de Sum 41.
Ella llega y se conecta al ordenador, por lo que yo decido tumbarme en la cama.
-¿Por qué eres así?-Pregunto mientras miro su techo.
-Así, ¿cómo?-Pregunta mientras gira su silla para mirarme. Noto su mirada aunque me niego a girar la cabeza.
-Así de… rara.-Asiento y ella se sienta en la cama, con las piernas cruzadas, por lo que yo tengo que sentarme también.-No te juntas con nadie, excepto con esa chica que va a la otra clase.
-Alisson. Es mi mejor amiga.
-Pues eso. ¿Por qué? Estás siempre tan en tu mundo que te pierdes cuando alguien intenta tener una conversación contigo. Te cierras. ¿Y quieres saber lo que pienso de ti?-Ella asiente. Y yo, me siento mierda, sí, me siento mal por todo esto.-Pienso que tienes miedo a lo que los demás puedan pensar de ti, de no poder ser feliz si los demás te rechazan. Tienes miedo de abrirte y descubrir que todo es diferente a como tú te lo imaginas, a eso tienes miedo… Pienso que eres del tipo de chicas que se encierran en su cuarto esperando que alguien la hable por el Chat del tuenti, en vez de hablar ella, por miedo a que no la contesten. Tienes miedo a que alguien te rompa el corazón y por eso, nunca te fijas en nadie. Tienes miedo de todo, y a la vez, de perder el tiempo sin disfrutarlo. ¿Acerté?
Mira para abajo, y yo me vuelvo a sentir mal, peor, muchísimo peor. ¿Por qué la hago esto? Me mira a los ojos, los cierra.
-No has dado ni una.-Dice mientras intenta simular una sonrisa, y me doy cuenta de que ella tampoco sabe mentir.

-NARRA EMILY-

Sigo en shock. Sigo y seguiré estando.
-No has dado ni una-Digo mientras intento sonreír y espero que no se me note la mentira.
Lo cierto es que ha acertado en todo. Pero, ¿qué puedo hacer yo? Sí, exacto, mucho, pero no me apetece. No. No le voy a dar la razón.
-¿Sabes quizás cuál es mi problema, Jason? –Él me mira con una ceja fruncida. Esperando mi razonamiento.- Que he confiado demasiadas veces en la gente. He llamado amigo a quién no lo era. Me he enamorado y me han dado tantas puñaladas que ya todo me parece malo. Me han dicho te quiero cuando yo también lo decía, por cumplir, y el mío era sincero. La vida me ha dado tantas puñaladas en dieciséis años, que ya pocas ganas quedan.
-¿Sabes también qué es lo que pasa Emm?-Pone su mano encima de la mía y sus ojos brillan. Son azules celestes, tan transparentes que juraría que puedo ver que él también sufrió tiempo atrás. Deja de alucinar Emily. Eh, espera, ¡¿perdona?!¿Me acababa de llamar Emm?-Que no todos somos así.



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¡Gracias!¡Gracias y más gracias! Es increíble hablar con personitas tan amables como ustedes, de verdad. Gracias por todo lo que hacen por mi a través de Gmail y a través de tuenti. Son increíbles. No tengo más palabras.
Aquí las dejo el capítulo 3, que lo acabo de hacer, y aunque no me gusta demasiado espero compensarlas con el próximo.
Por supuesto, gracias por las opiniones, que ya saben que las aprecio.
A todo esto, respondo por aquí a una pregunta que me hacen por privado: Sí, me gusta Justin Bieber, es más, le adoro. Y sí, va a aparecer en la novela también quizás, pero no pretendo que esto sea una novela de Justin Bieber. ^^
Las quiero muchito.

22 sept 2011

La vida de Emily. Capítulo 2.


A veces me gustaría ser un pez. ¿Acaso a vosotras no?

La gente se confunde, la gente es bipolar, la gente, la gente son muchas cosas. Hay gente que pide tener recuerdos con fechas de caducidad, como un yogurt. Otros piden conservar todo lo que tienen para siempre, indefinidamente, hasta que el tiempo lo consienta, y creen en las almas gemelas, también en la relaciones a distancia. Otras personas piden salud, ni dinero, ni amor, ni amigos, salud, porque lo demás ya vendrá. Yo, por pedir, pido ser un pez. Sí, un pez. Piénsalo. No es la primera vez que me cambio de colegio por traslados de mi padre, y aunque lleve dos años en este instituto ya, hay cosas que no se olvidan.
Recuerdo un día que, mientras iba subiendo las treinta siete escaleras hasta llegar a la tercera planta de mi instituto, después de haber recorrido el camino con los ojos cerrados por el cansancio. Después de observar las blancas y desteñidas paredes del edificio que reconocía desde hacía 3 años. Después de todo esto y de entrar en la tercera puerta situada a la derecha, con las paredes del mismo color que el pasillo, recordé que ese sería mi último día allí.
También recuerdo cuando mamá me dijo que la abuela había muerto, o que, lamentablemente ese verano no íbamos a poder salir de la ciudad. Planes rotos.
Es verdad que también perderías las risas y los buenos momentos, pero todo esto se vería recompensado por el simple hecho de que, cada tres segundos, harías un nuevo descubrimiento.
-Emily, Emily, Emily… Planeta desconocido llamando a Emily, ¿me recibe?
Tan sólo puedo simular un “ajá” sin ni siquiera mover los labios de su posición.
-¿En qué pensabas?- Es Jason. El tiempo se para, y da marcha atrás. Quiere olvidarle.
-En que yo también quiero tener recuerdos con fecha de caducidad, supongo.-Suelto una pequeña sonrisa, pero eso, pequeña.
Él se encoge de hombros, supongo, no sabe de lo que estoy pensando, y es mejor. Si le llevo a contar mi historia de los peces, seguramente, ya estaría metida en una ambulancia camino del psiquiatra. Suelen decírmelo.
-Supongo que está bien.-Se vuelve a encoger de hombros y mira a Alice, su actual novia, aunque claro, me pregunto si él es eso para ella.-Solo te quería decir que bueno, que lo siento por lo de la moto, en fin, y todo eso, ¿sí?
-Claro. No hay problema.
Tonta, tonta, tonta. Sí que lo hay, pero no importa, porque él ha sonreído.
-Me tengo que ir, ya sabes.-Señala a su grupo de amigos y se encoge de hombros-
Se levanta y se va. Así sin más.
-         Bueno claro Emily, ¿qué más iba a hacer?
-         Joder conciencia, joder, decir adiós, es lo mínimo, ¿no?
Me termino mi Nestea y me levanto. Sí, supongo que se me olvidó mencionarlo, soy adicta al Nestea, igual que a Bob Esponja, a la música, a la fotografía, a los Sims, a los móviles y a miles de tonterías. También me encantan los colores vivos, y las converse. Amo pintarme las uñas cada una de un color, pintarme cada día de una forma diferente y sentirme distinta por fuera, aunque por dentro sigo siendo la misma. Supongo que soy una adolescente con gustos y pensamientos de niña, sin más.
Amo el chocolate y el cola-cao. Saltar sobre los charcos y enterrarme en hojas de árboles en otoño. Cosas normales en niños de diez años, como mucho. Yo tengo dieciséis.
Odio las matemáticas, sobre todo lo logaritmos, nunca me han salido, nunca los he entendido hasta este año, y ahora, los odio mucho más.
-0.30 señorita. El logaritmo de dos es 0.3010, y no, no existen los logaritmos de números negativos.
¿Nunca os ha pasado que estáis en vuestros pensamientos y la profesora os pregunta algo? Sí, supongo que sí. ¿Y alguna vez os ha pasado que a la vez la estabais escuchando y os sabéis la respuesta? Espero que sí. Te sientes totalmente superior al ver su cara de desprecio cuando ve que no te puede poner un negativo por no prestar atención, aunque claro, si la da la gana te lo puede poner, sin tener que dar ninguna explicación.
-Continuemos…-Dice mientras coge la tiza y vuelve a darnos la espalda para escribir en la pizarra.
En ese momento, mi clase se vuelve un zoo, relativamente claro.
Los chicos se arman de bolas de papel gigantes formadas por hojas de cuaderno y celo, y ¡zas!, las bolas, los aviones, los bolígrafos, los cuadernos e incluso alguna que otra mochila vuelan por el aula. Parece un campo de batalla.
La gente se sube a las sillas y comienzan a imitarla, a ella, a la señorita Leslie. Un nombre poco común, lo sé.
Es una señora mayor, con gafas rojas que hacen su cara bastante alargada y a la vez redonda. Tiene los ojos verdes saltones, y el pelo teñido de naranja. Todo el mundo la saca dos o tres cabezas como poco, aunque ella saca a los demás uno o dos cuerpos de ancho.
Un peplito aterriza en mi mesa y yo, rápidamente miro a mi alrededor y la recojo. La abro.
“¿Quedas hoy? Venga, di que sí, es Jueves. No hay deberes.
Atentamente, tu compañero tres sitios más a la derecha que tú”
Levanto la cabeza y empiezo a contar. Una cabeza, dos cabezas, tres cabezas, cuatro cabezas. Ah no, para Emily, era la tercera. Vuelvo la mirada. Es Jason. ¿Y todo esto?
“Me sorprendió que esto sea tuyo, ¿desde cuándo hay ésta confianza? En todo caso, no puedo, estudiar, ya sabes. Otro día ;)”
Cierro el papelito, lo agarro entre mi mano derecha y recurro al procedimiento lento, pero seguro.
-Perdona Amanda, ¿puedes pasarle esto a Jason?-La sonrío y ella me sonríe a mi.
Me gusta Amanda. Es simpática. Es buena persona. Es maravillosa, sin más, aunque lo nuestro no se pueda considerar una amistad.
-Ya la tiene. –Me dice Amanda mientras me guiña un ojo y vuelve a coger su boli bic, dispuesta a escribir de nuevo los apuntes de matemáticas.
Miro de nuevo tres cabezas a mi derecha y le veo como gira su cabeza y me mira. Pasa un segundo, dos, tres. Ahora mismo, si fuese un pez lo habría olvidado todo.
Puedo ver como suspira, es más, juraría como he podido oírlo, se encoje de hombros y me muestra un papelito, más bien una hoja de su cuaderno.
“Está bien. Te espero a la salida entonces.”
Mierda. Es verdad. Se me olvidó contar que es mi nuevo chofer, si es que se puede decir así, pero no a tiempo completo. Sólo de mi casa al instituto, y del instituto a casa. Es lo bueno de tener un amigo con moto.
No, no, rectifico, es lo bueno de tener un compañero con moto. Eso sí, compañero, sin más. Hoy está amable, mañana estará borde. Es bipolar, y odio que la gente sea bipolar, aunque yo también lo sea.


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¡Hola! :)
Bueno, quería daros las gracias por todo el apoyo que estoy recibiendo; tanto por Gmail, como en el tuenti y por aquí en el blog. Son increíbles.


También quería darles mi correo por aquí, así que aquí va: emilywalker1313@gmail.com

Mi tuenti es el siguiente: Emily Walker. Solo tienen que picar en el nombre e irán directas a mi perfil.
Bueno, creo que ya no hay nada más que las tenga que decir, espero que hayan disfrutado del capítulo y que les guste la novela en sí.
Lo siento por el retraso.

Un beso :)